Fuga de calor, frenala

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Algo tan simple como una ventana ha acaparado el interés de la Ciencia. Tras varios años de estudio, los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han dado con la tecla: una ventana inteligente y económica. El invento es un recubrimiento, de menos de un micrómetro de espesor, que regula la cantidad de luz que entra a través del cristal y reduce la visibilidad, proporcionando privacidad en un instante. Una corriente de aire con humedad controlada origina el cambio entre el estado transparente y el opaco. El sistema se complementa con una caja de activación autónoma para humedecer o secar el aire que circula dentro de la ventana.

Estos nuevos cerramientos pueden ser utilizados en infinidad de aplicaciones, incluso con el tiempo podrían desembarcar en las viviendas ya construidas. “El único consumo que necesita para su activación es el agua y solo en pequeñísimas cantidades”, señala su creador, el profesor David Levy, del Departamento de Materiales Fotónicos del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid del CSIC. El salto de Levy ha sido el crear una ventana inteligente pero accesible en términos económicos, lo que permitirá su fabricación a gran escala. “El sobrecoste será de unos céntimos, frente a los miles de euros que costarían las soluciones inteligentes hasta ahora existentes”, señala Levy, en cuyas investigaciones ha colaborado el doctor Marcos Zayat. La tecnología está muy avanzada y el próximo paso será exponer el dispositivo en ferias.

Quién iba a decir que una ventana diera para tanto. Elegir una es más complicado de lo que parece. Los fabricantes no se han quedado de brazos cruzados y han sacado al mercado perfiles y vidrios capaces de reducir el consumo energético, las filtraciones de aire y de polvo, los escapes de calor y los ruidos. Hay que recordar que las ventanas son los puntos débiles de la casa, el hueco por el que se escapa el 15% de la energía.

Unos buenos cerramientos ahorran hasta un 50% en calefacción, así que toca echar cuentas. “Es una decisión que puede condicionar la factura energética de los próximos 20 años y, además, las viviendas se revalorizan al mejorar su aislamiento y su clasificación energética”.

A la hora de cambiar las viejas ventanas por otras más eficientes, primero hay que fijarse en su capacidad aislante, que viene indicada en la etiqueta. Cuanto más bajo sea el coeficiente U o nivel de transmitancia térmica, más aislamiento tendrá. La clasificación de invierno tiene siete niveles, que van desde el color verde y la letra A para las mejores, hasta el rojo y la G para las peores. Después, hay que elegir el perfil, ya sea de aluminio con rotura de puente térmico (RPT), de madera o de PVC. Las ventanas tradicionales de aluminio simple instaladas en España durante muchos años tienen buena culpa del despilfarro energético del parque inmobiliario actual.

El PVC, compuesto en un 57% de sal, “reduce la demanda de calefacción hasta un 40%, la del aire acondicionado en un 32% y la entrada de ruido hasta en 48 decibelios (el aluminio tradicional aísla 24 decibelios)”, señalan en Kömmerling, que recuerda que no sirve de nada si hay filtraciones de aire. “El aire es el medio principal de propagación de las ondas sonoras”, explican en esta firma, cuyo producto principal tiene 70 milímetros de espesor y cinco cámaras de aire estanco. “El mercado exige más prestaciones, tanto térmicas como acústicas, y la ventana de PVC tiene muchas ventajas sobre otros materiales, como precios muy competitivos y mínimo mantenimiento (jabón y agua)”, señalan en la empresa Deceuninck, cuyos marcos apenas tienen pérdida de energía (transmitancia menor a 1).

Otro de los materiales más empleados es el aluminio, pero siempre con rotura de puente térmico, es decir, con un material aislante (resina o poliamida). Así, “la parte externa de la ventana no entra en contacto directo con la interna, aunque no llega al nivel de aislamiento térmico del PVC”.

La elección entre uno y otro perfil depende del cliente. “Si son ventanas blancas o imitación madera la elección más inteligente es el PVC. Si se buscan colores o cerramientos de terraza, el aluminio es la mejor elección”.

La última opción son los marcos de madera y los más comunes son pino e iroko. Si se trata de un perfil de madera europeo el marco es más grueso y el aislamiento es mayor.

Al margen del perfil, el 80% de la superficie de la ventana está formada por vidrio, cuyo coste supone el 10% del cerramiento. Y aquí las posibilidades se multiplican. Eso sí, actualmente el doble acristalamiento es el requisito mínimo para cualquier cerramiento que se precie. A partir de ahí, las prestaciones mejoran si el espesor de la cámara del doble acristalamiento tiene como mínimo 16 milímetros y si el aire del interior de la cámara es sustituido “por gases de menor conductividad térmica, como el argón”.

Ya puestos a hacer obras, lo mejor es comprar cristales bajo emisivos, que son hasta tres veces más aislantes que los estándar. Otra opción son los vidrios con control solar, apropiados para países soleados como España, donde reducir el calor del sol que atraviesa las superficies acristaladas es clave para ahorrar en la factura del aire acondicionado. Mucho mejor si se opta por cristales que combinan control solar y baja emisividad, que reducen la pérdida de calefacción en invierno y la ganancia solar en verano. Y si, además, se busca evitar ruidos, hay que apostar por vidrios laminados acústicos. “El futuro más próximo, sobre todo en zonas climáticas severas, pasa por la utilización de triples acristalamientos en lugar de dobles”.

Cuando se trata de tejados, “la nueva generación de ventanas tiene marcos más finos y la superficie acristalada es hasta un 18% mayor. Dejan pasar un 38% más de luz, manteniendo el mismo nivel de protección contra el calor (elimina el calor exterior un 70%”).

La persiana también importa. Las de aluminio llevan una capa aislante interna, son algo más pesadas y más resistentes, y están indicadas para locales o unifamiliares. Las de PVC son más ligeras y silenciosas y están indicadas para cualquier vivienda. No hay que olvidarse de los burletes que se colocan en los bordes de las ventanas: evitan las filtraciones de aire y ahorran hasta un 35% en calefacción.

 

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